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September 28, 2011

¡Adiós Matrimonio!

Hace poco leía en un periódico de tirada nacional un artículo publicado a doble página con siguiente título, “¿Por qué no te casas?” Llamativo título para un artículo aparentemente muy científico que contenía opiniones de sesudos sociólogos, pero que tras leerlo, me dejó como mujer desolada, triste y abatida.

Las parejas de hecho están en alza y el matrimonio está al igual que los mercados financieros en crisis. Aportaba datos, de cómo pese a que en la actualidad existen diversos registros de uniones de hecho que otorgan ciertos derechos a este tipo de uniones, en realidad no se acercan ni de lejos a los derechos que otorga el matrimonio. Pero, quién gana con ello; quién gana teniendo una unión de larga duración casi sin derechos.

Había una afirmación que me resultó cuanto menos terrible, “la convivencia sin papeles tiene una matiz transitorio, mientras que la el matrimonio carece de connotación temporal”. ¿Es eso cierto? En el fondo si no analizamos desde el punto de vista de la mujer y nuestra posición dentro de la sociedad, ¿no salimos nosotras perdiendo con esto? A todos nos vienen a la cabeza célebres historias de amor sin matrimonio, son bonitas, sobre todo si obviamos como terminaron las mujeres en estas historias; en la mayoría de los casos terminaron sin nada, ya que no tenían derecho a reclamar nada. En la actualidad se nos ha hecho creer que es más romántica, libre y moderna una relación sin papeles, pero en esta vida no todo es romanticismo, hay que ser racional.

Si analizamos la historia de las relaciones de pareja en occidente, los derechos adquiridos con él matrimonio era de las pocas ventajas femeninas existentes. Las mujeres de hoy en su gran mayoría han adquirido la capacidad de sustentarse a sí mismas, ¿pero hemos ganado algo más? Si tenemos descendencia, nos afecta ya no sólo física y psicológicamente sino que laboralmente ese peso recae sobre nosotras, si hay que cuidar a algún familiar ese peso sigue recayendo sobre nosotras y ni siquiera hemos aprendido a vivir una sexualidad plenamente libre y placentera. Nosotras realmente no hemos ganado más derechos reales, sino trabajo y más trabajo.

Desde el punto de vista de la mujer, ¿la convivencia sin matrimonio nos beneficia o nos perjudica?, ¿son las parejas de hecho una verdadera conquista de las mujeres o nos han hecho creer que es así? Lo cierto es que por lo general, dentro de la pareja la mujer sigue siendo la parte que más esfuerzos hace, de hecho, ya no sólo trabajamos dentro sino también fuera. Las obligaciones dentro de una pareja de hecho, son para una mujer las mismas que dentro del matrimonio, pero con diferente recompensa.

Sería interesante desmontar nuestra concepción de matrimonio como un acto romántico y visualizarlo como lo que realmente es, un contrato entre dos personas. Ninguno de nosotros estaría dispuesto, por lo menos por un largo período de tiempo a trabajar sin contrato laboral, entonces por qué sí a convivir durante décadas con alguien sin matrimonio. Y si por el contrario pareja de hecho y matrimonio son lo mismo en la práctica, por qué no se equiparan legalmente. Y más aún, por qué existe ese espécimen de hombre que convive durante un largo periodo de tiempo con una mujer sin dar el paso hacía el matrimonio arguyendo libertad y verdadero compromiso moral; pero luego cuando rompe con ella, en seis meses se casa con otra. ¿Cómo para algunas mujeres quieren el amor libre y para otras el contrato matrimonial? ¿Han decidido los  hombres dividir a las muejres en quellas con las que te casa y aquellas con las que sólo estna  dispuestoa  convivir sin implicar con ellos  su estatus legal?

Siempre he sido una concienzuda defensora de la convivencia de las parejas, personalmente creo que ir al matrimonio sin haber convivido con alguien como comprase unos zapatos sin antes habérselos probado, te pueden quedar bien pero también te pueden quedar muy pequeños o muy grandes. Quizás hemos convertido esa prueba de convivencia en algo a demasiado largo plazo, transformándose algo de carácter práctico (ver la compatibilidad entre dos personas), en algo envuelto de un halo de romanticismo y libertad, que si se razona choca con la sociedad hipernormativizada en la que vivimos.

Cuando hablo que las parejas de hecho de larga duración merman los derechos de las mujeres, no me refiero al aspecto económico principalmente, sino por ejemplo a la capacidad de tomar decisiones o actuar en el nombre del otro en caso de que este no pueda, o simplemente ser considerado una unidad familiar. Es sumamente discriminatorio diferenciar entre casadas y “arrejuntadas” cuando ambas hacen lo mismo.

Si lo pensamos fríamente, desde el punto de vista de las mujeres, ¿quiénes han ganado con la proliferación de las parejas de hecho de larga duración? ¿Nosotras? Creo que no, es evidentemente una conquista del género masculino que nos ha vendido como propia con toda la cara del mundo. El hombre actual ha conseguido, no sólo no tener que ser el único sustentador de la unidad familiar, sino además no tener ningún tipo de responsabilidad con respecto a la persona con la que comparte la cama, es ahora un pececillo libre que sólo ha ganado derechos y ha ido perdiendo obligaciones, ahora no necesita casarse para poder follar con una mujer de la que esté enamorado y ni siquiera tiene la obligación de mantener sólo la familia, su carrera no se ve afectada por e tener hijos, etc., vamos que se lo han montado como siempre genial y encima nos hacen creer que este es el siglo de las mujeres.

Muchos tacharán estas afirmaciones de machistas, pero lo cierto es que la iniciativa en cuanto al matrimonio es algo que los hombres han tomado como propio. Hoy día sigue siendo en el 99% de los casos el hombre quien pide la mano, ¿conocéis algún caso al revés? De la misma forma, que es el hombre quien decide si es la hora de dar el paso al matrimonio o no, nuestra función es decir “sí quiero”, nunca nos toca formular la pregunta,  con ello tan siquiera decidiemos el momento en el cual queremos dar el paso  dependemos de la iniciativa del varón. Pero más aún, fue una sociedad regida por hombres la que creó esta institución jurídica dotándola de una serie de obligaciones y derechos. Y ahora qué, ahora son los hombres, a quienes no les gustan las obligaciones, de aquello que crearon. ¿Se nos pregunta a nosotras qué queremos?, ¿qué nos parece la institución del matrimonio?, no, simplemente el hombre del S.XXI ha decido que no se casa.